La Psicología Positiva en la Educación

El término “psicología positiva” fue desarrollado por Martin Seligman (1996). Esta rama de la psicología nace por la inquietud de las personas que desean algo más que corregir sus debilidades, surge por la necesidad de que la vida tenga sentido centrándose en las cualidades humanas positivas, mediante la identificación de los factores que contribuyen al bienestar subjetivo (Cuadra & Florenzano, 2003 citado por Carrillo, 2014).

Para Seligman (2011), la psicología positiva en la educación ayuda a enseñar bienestar a los jóvenes, a tener más emociones positivas, a generar un involucramiento profundo y sincero en sus materias o actividades, a mejorar las relaciones interpersonales con compañeros y maestros, a encontrarle un propósito y significado a lo que están estudiando, y conseguir logros más positivos.

Además, Seligman y cols. (2009) argumentan tres razones por el cual se debería enseñar el bienestar en las escuelas: 1) actualmente se han incrementado los casos de depresión en los jóvenes, 2) es un vehículo para aumentar la satisfacción con la vida, y 3) ayuda para mejorar el aprendizaje y el pensamiento creativo (Barahona, 2013).

En el último punto, cabe señalar que hay diversas investigaciones que demuestran que las personas que experimentan mayor número de emociones positivas, se ven afectados en la motivación, la atención, el funcionamiento social y la toma de decisiones éticas. Por ejemplo, el disfrute del aprendizaje motiva a los estudiantes a poner adelante un esfuerzo mayor, mientras que el aburrimiento sólo disminuye el esfuerzo (Zakrzewski, 2015).

Por otra parte, las bases de la Psicología Positiva se fundamentan en 4 pilares:

  1. El estudio de las Emociones Positivas: La Dra. Bárbara Fredrickson (2009), a través de diversas investigaciones ha encontrado que los sentimientos positivos amplían nuestro repertorio de acciones y nos ayudan a construir recursos mentales duraderos que resultaran de gran utilidad en el futuro. Por otra parte, el psicólogo Walter Mischel en 1960 realizo un famoso estudio longitudinal con niños a través de un experimento con malvaviscos, en esta investigación pudo comprobar que los niños que tienen mayor autocontrol de sus impulsos y emociones tienen mayor éxito en la universidad y el trabajo. Actualmente son pocas las universidades y escuelas que cuentan con programas de enseñanza de inteligencia emocional.
  2. El estudio de los Rasgos Positivos, Fortalezas y Virtudes: Peterson & Seligman (2004) han desarrollado un cuestionario de autoinforme llamado Test-VIA cuyo objetivo es evaluar 6 virtudes y 24 fortalezas humanas. Estas virtudes y fortalezas son comportamientos moralmente aceptados por todas las culturas del mundo y que todas las personas cuentan con ellas en mayor o menor medida. Algunas investigaciones han arrojado que fortalezas como Curiosidad y la Apertura a Experiencias facilitan el aprendizaje y un mejor rendimiento académico (Wavo, 2004; Kashdan y Yuen, 2007 citado por Giménez, 2010). Asimismo, las fortalezas que estan relacionadas con la Justicia (Ciudadania, Equidad y Liderazgo), tienen en común el sentimiento de obligación con el bien común por encima de los propios intereses (Flanagan, 2004 citado por Giménez, 2010). Fomentar estas fortalezas con proyectos académicos sociales que generen un impacto positivo que no solo beneficia al estudiante sino también a varios sectores de la sociedad, pueden trascender en la vida del estudiante.
  3. El estudio de las Relaciones Interpersonales Positivas: La investigadora Angela Lee Duckworth y cols. (2014) encontraron que los estudiantes que tienen experiencias de orientación prosocial manifiestan mayor bienestar, son más propensos a perseverar en las tareas académicas tediosas, y mantenerse en el camino de la universidad (Zakrzewski, 2015). Reiteradamente se ha encontrado que los proyectos académicos que involucran a los alumnos en ayudar a otras personas o por alcanzar un bien mayor y no únicamente en obtener una buena calificación generan mayores beneficios. Además, algunos autores comenta que sentirse conectado a otros da sentido y propósito a la vida de todos. Los lazos sociales pueden aumentar la longevidad, reducir el estrés, e incluso potenciar nuestro sistema inmunológico (Alexander, 2015). Un aula con un buen ambiente y una red de apoyo entre profesores y alumnos propiciara un mejor y mayor aprendizaje.
  4. El estudio de las Instituciones Positivas: Las escuelas, las familias, organizaciones de trabajo (negocios) y no lucrativas, y todas aquellas instituciones que ayuden a generar un bienestar y felicidad entran en esta categoría. Las instituciones positivas posibilitan el desarrollo de relaciones positivas, lo que facilita el surgimiento de rasgos positivos y, al mismo tiempo, facilita experiencias subjetivas positivas (Park & Peterson, 2003).

Actualmente son diversos los expertos en educación que apunta a un cambio de modelo educativo. El modelo educativo actual le da más importancia al resultado que al ser humano, es decir; es más importante la calificación, cumplir con el plan de estudios y pasar las materias lo mejor posible sin importar que el alumno se sienta conectado e involucrado con lo que está estudiando. Para el sistema educativo y los programas de estudios actuales, la felicidad del estudiante está por debajo de los resultados académico cuando debería de ser igual de importante.

El interés de la educación formal es que desarrolle competencias el estudiante para que esté preparado y pueda desenvolverse el día de mañana en el área de estudio que escogió y ganarse la vida de la mejor manera posible, es decir; que tenga éxito en el ámbito profesional y personal aunque a veces se tome poco en cuenta lo personal (felicidad). Sin embargo, las investigaciones señalan que la felicidad es lo que conduce al éxito y no el éxito a la felicidad.

Investigaciones como la de Angela Duckworth (2016) donde midió el Grit[1] en alumnos del tercer año de secundaria de escuelas públicas de Chicago. Un año más tarde, el 12 por ciento de los estudiantes no se graduaron. Los análisis mostraron que los que se graduaron habían anotado más alto en Grit (Suttie, 2016).

Por otra parte, la Dra. Carol Dweck (2014) de la Universidad de Stanford, identifico a través de una investigación con niños de diferentes escuelas públicas de la ciudad de Nueva York, que aquellos que son reforzados por sus habilidades, por el esfuerzo que hacen durante la actividad, son más propensos a persistir, a tomar nuevos desafíos y están más dispuestas a aprender aunque implique equivocarse (mentalidad de crecimiento), a diferencia de aquellos alumnos que son reforzados en su personalidad o por su inteligencia (mentalidad fija), estos tienden a evitar nuevos desafíos y todo aquellos que ponga en peligro su estatus, “el mejor de clase” o “él más inteligente”.

La Psicología Positiva busca que tanto los alumnos como los maestros tengan un mejor aprovechamiento, enfocarse únicamente en el currículo académico es dejar de lado el aspecto humano, bien lo dijo el filósofo griego Aristóteles que; “Educar la mente sin educar al corazón, no es educar en absoluto”.

“Lo que hace la psicología positiva aplicada en la educación, es sugerir el uso de técnicas y herramientas que han sido comprobadas científicamente, que tienen un impacto positivo en el rendimiento académico del alumno, al mismo tiempo, facilita el proceso de enseñanza para los profesores”.

A través del Modelo PERMA (positividad, involucramiento, relaciones positivas, sentido de vida y los logros y metas) que propone el Dr. Martin Seligman, el reconocimiento y cultivo de las Fortalezas de Carácter de Peterson y cols., el desarrollo del GRIT (perseverancia) que es predictor del éxito según la Dra. Angela Duckworth, y el cultivar en los alumnos una Mentalidad de Crecimiento que sugiere la Dra. Carol Dweck a través del reforzamiento de las habilidades, del esfuerzo y de señalar objetivamente lo que deben corregir… los estudiantes no solo tendrán mayor probabilidad de conseguir un buen desempeño académico, sino también sabrán que los hace felices, pues el éxito académico de un estudiante no solo recae en la responsabilidad del profesor sino también en el mismo estudiante.

Si los profesores ayudan a que sus estudiantes experimenten en las aulas una tasa alta de emociones positivas y logran hacerlos sentir que lo que está estudiando cumple con un beneficio mayor que obtener un grado académico, posiblemente esos alumnos obtengan un mejor desempeño en sus estudios y experimenten mayor satisfacción con su vida. Al mismo tiempo, los profesores podrán desempeñarse e involucrarse mejor con sus alumnos y sentir que su trabajo tiene significado y trasciende.

“La vida te dará muchas opciones, no tienes que escoger la mejor, sino aquellas que te haga feliz”


[1] Grit es una palabra inglesa que no tiene una traducción literal al español pero suelen traducirla como perseverancia.

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