Los Efectos de la Familia sobre la Personalidad Autotélica

Actualmente me encuentro leyendo el libro Fluir, una psicología de la felicidad del Dr. Mihály Csíkszentmihályi, y me he encontrado con un concepto que llamo por completo mi atención “Experiencia Autotélica”.

El concepto de “Autotélico” fue enunciado por M. Csíkszentmihályi quien lo define como una personalidad que tiene metas autónomas. “La palabra “autotélico” deriva de dos palabras griegas; auto”, que significa en sí mismo, y telos”, que significa finalidad. Se refiere a una actividad que se contiene en sí misma, que se realiza no por la esperanza de algún beneficio futuro, sino simplemente porque realizarla es en sí la recompensa.”La mayoría de cosas que hacemos no son puramente autotélicas ni puramente exotélicas (que es como Mihaly denomina a las actividades llevadas a cabo sólo por razones externas), sino que son una combinación de las dos.

Hay mucha evidencia que sugiere que la manera en que los padres se relacionan con los niños tendrá un efecto duradero sobre el tipo de personalidad que ese niño desarrollará y llegará a ser. Por ejemplo, en uno de los estudios que se llevaron a cabo por la Universidad de Chicago, Kevin Rathunde observó que los adolescentes que tenían ciertos tipos de relación  con sus padres era significativamente más felices, estaban más satisfechos y se sentían más seguros en la mayoría de las situaciones de la vida que sus compañeros que no tenían esta relación. El contexto familiar que promueve experiencias óptimas tiene cinco características:

  1. Claridad: Los adolescentes sienten que saben lo que sus padres esperan de ellos, es decir, las metas y la retroalimentación en la interacción familiar no son ambiguas.
  2. Centramiento: O la percepción de que sus padres están interesados en lo que hacen en el presenten, en sus sentimientos y experiencias concretas, en lugar de preocuparse de si conseguirán ir a una buena universidad u obtener un trabajo bien retribuido.
  3. Elección: Los niños sienten que tienen una variedad de posibilidades para escoger, incluyendo quebrar las reglas paternales (mientras estén dispuestos a enfrentar las consecuencias).
  4. Compromiso: O la confianza que permite al niño sentirse lo suficientemente cómodo como para bajar el escudo de sus defensas e implicarse en cualquier cosa en la que esté interesado sin ser consciente de sí mismo.
  5. Desafío: La dedicación de los padres a ofrecer a sus hijos oportunidades cada vez más complejas para la acción.

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La presencia de estas cinco condiciones hacen posible lo que llamamos el “contexto autotélico de familia”, porque ofrece una formación ideal para disfrutar de la vida. Las cinco características son claramente paralelas a las dimensiones de la experiencia de flujo. Los niños que se educan en unas situaciones familiares que facilitan la claridad de metas, la retroalimentación, el sentimiento de control, la concentración sobre la tarea presente, la motivación intrínseca y el desafío, generalmente tendrán mejores oportunidades para ordenar sus vidas de manera que el flujo sea posible.

Las familias que ofrecen un contexto autotélico conservan una gran cantidad de energía psíquica para sus miembros individuales, haciendo así posible aumentar el disfrute a su alrededor.

Los niños que saben lo que pueden hacer y lo que no, que no tienen que estar discutiendo constantemente sobre cuáles son las reglas y los controles, que no están preocupados por las expectativas de sus padres acerca de su futuro éxito siempre colgando encima sus cabezas, se liberan de muchas de las demandas atencionales que se generan en hogares caóticos. Son libres para desarrollar sus intereses en actividades que expandirán sus personalidades. En familias no tan bien organizadas se emplea una gran cantidad de energía en constantes discusiones y negociaciones y en los intentos de los niños por proteger sus frágiles personalidades para no sentirse abrumados por las metas de otras personas. 

No nos sorprenden las diferencias entre los adolescentes cuyas familias les han ofrecido un contexto autotélico y aquellos cuyas familias no ofrecieron este contexto a sus hijos; resulta que:

 Los que disfrutaron de un contexto autotélico eran mucho más felices, fuertes, alegres, y satisfechos que sus compañeros menos afortunados.

Pero las diferencias también estaban presentes cuando los adolescentes estaban solos estudiando o en la escuela: sucedía también que la experiencia óptima era más accesible a los niños de familias autotélicas. Únicamente cuando los adolescentes estaban con sus amigos, desaparecía las diferencias: estando con amigos los dos grupos se sentían igual, positivamente, sin que importase si las familias eran autotélicas o no. 


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