De predadores a protectores

La vida en prisión requiere una mentalidad de sobrevivencia. Muchos internos crecieron en medios hostiles que premiaban la defensa personal sobre el altruismo. Quizá no haya sido objeto de cuidados sistemáticos, o no hayan tenido modelos de compasión a seguir.

Le tomé de la mano, pedí por él, y le dije: “Tú sufrimiento está a punto de terminar”. Le calé la gorra y lo arropé con sus cobijas. Siempre le gustaron los deportes, así que le puse la tele en ESPN. Le di un beso en la frente antes de retirarme. 

El hombre que describió este momento de atención no era un familiar del paciente, ni un enfermero o prestador de servicio de un hospicio. Era un preso de una institución correccional estatal de Pennsyvalnia, cuidando a un compañero moribundo. Esta historia es una más entre las doces que han sido relatadas a Susan Loeb, investigadora de enfermería de la Pensylvania State University, quien estudia la atención terminal en presiones.

La compasión puede florecer en las cárceles que dan a los reclusos oportunidades de atención, como la documentadas por Loeb. Ella entrevisto a internos de entre 35 y 74 años que cuidaban a agonizantes en instituciones correccionales estatales. La mayoría de esos cuidadores estaban de guardia todo el tiempo, con deberes que iban de tender camas a cambiar pañales. Brindaban apoyo emocional hablando, rezando, tomando de la mano y ayudando a compañeros a prepararse para recibir visitas familiares. También protegían a los moribundos contra abusos de otros internos y actuaban como intermediarios con funcionarios penales. Mantenían cómodos a los agonizantes de sus últimos días y ayudaban al personal médico en sus labores tras la defunción.

Lo que motivó a uno de estos cuidadores fue oír que una enfermera le decía a un preso moribundo: “¡Prepárate para reunirte con Satanás!”. Los internos querían hacerse cargo de que cada uno de ellos fueran tratados con bondad y dignidad en sus últimos momentos.

Los cuidadores en las cárceles casi nunca son remunerados por su trabajo, ni reciben privilegios especiales. Cabría suponer que esto reduciría su interés en participar, pero tiene un efecto opuesto. Sin beneficios extra, los reclusos pueden verse realmente a sí mismo como cuidadores compasivos.

Como escribió uno de ellos en una encuesta anónima, para él era importante:

“Ceder parte de mi tiempo sin necesidad de que se me aplaudiera o diera un certificado. Querer a otros sólo porque es lo correcto”.

Cuando se pregunta a voluntarios del hospicio de internos qué debe saber la gente sobre éste y sobre la labor voluntaria que se lleva a cabo ahí, suelen contestar que todos deben saber que si ellos ayudan es porque les importa de verdad. Muchos dicen que cuidar les permite expresar su auténtico yo. Uno dijo a Loeb:

“Era un predador. Ahora soy un protector”.

Otro le dijo:

“Recuperaré algo que creía haber perdido; no soy un objeto desechable, tengo algo que aportar”.

Cuidar a los moribundos transforma por igual la experiencia carcelaria de los internos. Aunque son ellos quienes ofrecen compasión, ven a compañeros recibirla. Esto cambia su percepción del sistema penitenciario, el cual deja de ser totalmente deshumanizador para honrar su humanidad. Sus propias contribuciones terminan por modificar su experiencia del sistema en el que viven. A este respecto, se vuelven receptores de sus propios cuidados.

Cuando se les da la oportunidad, la gente en circunstancias difíciles suelen aprovechar la ocasión de ayudar a otros, comenta Susan Loeb.

En todos estos estudios e historias hemos visto que el instinto de ayudar formar parte de lo que significa ser humano. La compasión no es un lujo reservado a quienes tienen una vida fácil, ni dominio exclusivo de santos y mártires. Cuidar puede crear resiliencia y dar esperanza aún en los sitios más inesperados.


  • McGonigal, K. (2016). Estres: El lado bueno, por qué el estrés es bueno para ti y cómo puedes volverte bueno para él. México.: Edit. Oceano.
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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Yuliana dice:

    Fantástico gerry, quienes nos dedicamos a la atención de enfermos (y hablo de profesionales de salud) se les olvida que el verdadero valor esta en el confort del paciente, se insensibilizan, los consume el ambiente y vemos a la muerte como una pasajera habitual. Estos hombres nos enseñan el valor real de un ser humano no cabe duda, el cuidador debe brindar un ambiente relajado y cómodo a aquel que sufre una enfermedad.

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  2. Hola Yuly, gracias por compartirme tu opinión y concuerdo contigo. Aunque ese es un caso extremo, creo que es ahí donde se puede ver el lado humano, por eso decidí compartirlo… ¡Excelente día Yuly!

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