La Edad y la Felicidad

¿Cuál dirias que es la época más feliz de tu vida? Tal vez la niñez, cuando todo lo que haces es jugar. Quizá la juventud, cuando te independizas y te embarcas en una prometedora carrera. Poca gente mencionara la adolescencia (pubertad),  la mediana edad (¡crisis!) o la tercera edad (perdida de salud y facultades). Nada más lejos de la realidad, diferentes estudios han analizado los niveles de felicidad durante las distintas etapas de la vida y, ¿qué han encontrado?  “La curva de la felicidad”.  Durante la infancia y la juventud, los niveles de felicidad general de las personas son altos, descendiendo durante la madurez, para volver a ascender a niveles anteriores durante la etapa de la vejez.

Lo interesante es que somos realmente malos a la hora de recordar con exactitud lo felices que fuimos en el pasado, predecir cuánto lo seremos en el futuro. Por ejemplo, las personas mayores creen que los treintañeros son mucho más felices de lo que fueron ellos. También esperamos ser más felices cuando tenemos una relación de pareja, somos ascendidos o perdemos peso. Si esto sucede, podemos experimentar una fuerte subida temporal de nuestro nivel de felicidad.

Lo mismo pasa con los acontecimientos negativos. La mayoría pensamos que, si estuviéramos gravemente enfermos, por ejemplo, seríamos mucho menos felices, pero de hecho casi todos nos adaptamos a las circunstancias a lo largo del tiempo y soló somos un poco menos felices. Esta incapacidad para predecir nuestra felicidad con exactitud podría ser una de las razones por las que tememos hacernos mayores.

De hecho la felicidad tiene mucho que ver con el envejecimiento. Normalmente, los niveles de felicidad empiezan siendo altos y luego caen, alcanzan el punto más bajo alrededor de los cuarenta y luego suben de nuevo. Así que, ¿Por qué no somos más infelices a medida que envejecemos, al encontrarnos con una salud peor, una probable viudedad y una economía menguante? Una respuesta puede ser que, al madurar, redirigimos nuestra energía desde aquellas cosas que no podemos hacer a aquellas que sí tenemos a nuestro alcance, y nos centramos más en objetivos de mayor contenido social y emocional que en adquirir bienes materiales. Así que no te preocupes por llegar a ser un anciano gruñón; con toda probabilidad, serás más feliz que a los cuarenta años.

Por último, te comparto este video donde Elsa Punset nos invita a reflexionar sobre la curva de la felicidad, la crisis de la mediana edad, y el miedo a cambiar… Debo de confesar que soy un poco temeroso al cambio, y ahora que cumplí 30 años me percate que me cuesta más trabajo realizar actividades o formar nuevas rutinas a cuando era más joven. En cuanto a mi percepción de la relación que hay entre la edad con la felicidad, les comento que me encuentro en una etapa de mi vida donde hay mayor responsabilidad y preocupación de consolidar un patrimonio (eso me hace pensar más en lo material como dicen los estudios), además, a veces es algo estresante estudiar la ciencia de la felicidad porque aún me encuentro en una etapa de formación, así que estudiar la felicidad a veces no me hace feliz, pero me gusta, que paredojico .


 

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